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Operación Barbarroja: el 22 de junio se cumplieron 80 años del principio del fin para el régimen nazi

El día en que Hitler ordenó que las tropas alemanas invadiesen la URSS, en la madrugada del 22 de junio de 1941, hace 80 años, perdió la Segunda Guerra Mundial. La Operación Barbarroja, como se bautizó aquella invasión en homenaje al emperador Federico I, hizo inevitable la derrota del nazismo.  Aunque también llevó la guerra a un nivel de salvajismo desconocido hasta entonces: el objetivo del Tercer Reich no era vencer a sus enemigos, sino exterminarlos.

Los cuatro años que quedaban de conflicto son los más sangrientos de la historia. No solo en los frentes de batalla, sino también en la retaguardia porque entonces comenzó el asesinato sistemático de los judíos europeos.

 

El inicio de la pérdida de la Segunda Guerra Mundial en la operación Barbarroja

En 1941 el Tercer Reich se hallaba en la cumbre de su poder. Hitler decidió lanzarse a la conquista de Rusia, para hacerse con sus recursos y eliminar a un amenazador rival. La derrota de la Unión Soviética supondría el triunfo final de la Alemania nazi. Pero el plan del Führer no salió como él esperaba.

El alto mando alemán, y en concreto Hitler, despreciaban a los rusos, a quienes consideraban poco más que unos bárbaros. Después de la fácil conquista de Francia suponían que el dominio de la Rusia europea, solo les llevaría unos tres o cuatro meses.

Para esta nueva campaña se planteó una ofensiva en tres frentes:

  • El frente norte atacaría por la costa báltica hacia Lituania y tomaría Leningrado (actual San Petersburgo)
  • En el centro el ejército se dirigiría primero a Minsk (Bielorrusia), para luego encaminarse hacia Moscú.
  • Finalmente el grupo de ejércitos sur atacaría Ucrania, donde se encontraba el 60% de la industria enemiga, además de su fuente principal de alimentación. Una vez asegurada esta zona tan productiva se procedería a tomar la base naval de Crimea y los campos petrolíferos del Cáucaso.

 

Al dividir la ofensiva se disminuyó la fuerza alemana

Según los especialistas militares, uno de los errores de este planteamiento, era que, al dividir la ofensiva entre varios objetivos, se disminuía su fuerza. Moscú, que era el eje de comunicaciones ruso además de un importante centro industrial, debería haber sido el foco de un ataque concentrado. Pues con su conquista se habría dividido a la Unión Soviética en dos partes, fáciles de atacar por separado.

Por su parte los rusos no disponían de un plan coherente de defensa, ni tampoco creían que la invasión fuera inminente. Si bien se concentraron algunos efectivos en la frontera, apoyados por depósitos de suministros, la mayor parte de fuerzas soviéticas se encontraban desperdigadas. Al estar los defensores concentrados en una estrecha línea, se corría el peligro de que fueran envueltos y obligados a rendirse.

 

Exceso de confianza

Una muestra de la excesiva confianza alemana es que, solo un quinto de sus fuerzas disponía de ropa de invierno, ya que se suponía que la campaña habría terminado para diciembre. En esas fechas, según los cálculos alemanes, se podría atrincherar al ejército en la nueva frontera oriental del Reich marcada por el río Volga.

Sin embargo, el primer contratiempo con el que se encontró Hitler a la hora de poner fecha a la Operación Barbarroja fue la lluvia. Las crecidas de primavera habían convertido el territorio en un cenagal, lo que obligó a retrasar la invasión hasta el verano.

 

La voluntad de Hitler

Pese al éxito del ataque contra Moscú, el dictador alemán estaba convencido de que Ucrania y Leningrado tenían prioridad. Así, desoyó a sus generales y cursó el 19 de Julio la directriz 33. En ella se ordenaba a los tanques del ejército central reforzar los otros dos frentes: el general Hoth giraría hacia el norte para asegurar el cerco de Leningrado, y el general Heinz Guderian se dirigiría al sur para completar la toma de Kiev, las regiones carboníferas de Ucrania y la conquista de Crimea.

Esta orden debilitó al ejército central, que se vio obligado a frenar su avance sobre Moscú. Al tiempo que dio a los defensores el tiempo suficiente para recomponer su ejército y preparar una formidable defensa contra la que, finalmente, se estrellarían los alemanes.

La toma de Kiev aseguró la rendición de 220.000 rusos más. Pero los inagotables recursos humanos del enemigo, hacían imposible derrotarlo en una guerra de desgaste mientras sus líneas de comunicación siguieran intactas.

Además Rusia consiguió suavizar el golpe contra la industria ucraniana, con el traslado de fábricas y obreros por tren, desde zonas amenazadas por los alemanes hasta Siberia. Esto permitió continuar con la producción de armas y municiones.

Detrás de la línea del frente, la dura represión policial de las fanáticas SS alemanas y los atentados de grupos partisanos organizados por la NKVD (la policía secreta rusa), convirtieron a la retaguardia en un avispero de atrocidades y represalias que impidió consolidar el terreno ya conquistado y ralentizó el transporte de suministros.

 

La batalla de Moscú

Con Crimea sometida y Leningrado bajo un duro asedio, se pudo reemprender el ataque sobre la capital. La ciudad de Viazma fue atacada por Guderian el 30 de septiembre. Y se tomó el 20 de octubre con la captura de 500.000 prisioneros por las divisiones envolventes del general Hoth.

Con la puesta en marcha de la directriz 33 se perdieron más de dos meses de tiempo. Esto fue decisivo para el desenlace final de la operación Barbarroja.

La fatal demora fue crucial. El 15 de octubre y con los alemanes a solo 105 kilómetros de Moscú, una fuerte tormenta junto con la caída de las primeras nevadas, convirtió las carreteras en lodazales por los que era imposible avanzar.

Gracias a este respiro los rusos consiguieron traer refuerzos desde Siberia hasta Moscú. Incluídos 1.000 tanques y otros tantos aviones de combate. Al mando de la defensa se encontraba el general Gueorgui Zhúkov.

Con los alemanes hundidos en el barro, Stalin decidió celebrar el desfile de la Revolución de Octubre el 7 de noviembre como en tiempos de paz. Esto contribuyó a elevar la moral del ejército ruso.

 

El fin de la Operación Barbarroja

En solo un mes, con la llegada del frío, se congeló el suelo y los alemanes volvieron a atacar el 16 de noviembre. Siguiendo su táctica habitual, dos grupos acorazados rodearían al enemigo, mientras el ejército principal atacaba de frente. Pero ahora, los invasores se encontraron con un fuerte contraataque ruso, que los hizo retroceder pese a que habían llegado a solo 8 kilómetros de la capital rusa.

Una fuerte bajada de la temperatura el 2 de diciembre terminó de poner punto final a la batalla. Una de las más largas y sangrientas de la Segunda Guerra Mundial. El frío obligó a los poco preparados soldados germanos a guarecerse en posiciones fortificadas que sufrirían asaltos a lo largo de todo el invierno.

La operación Barbarroja abrió un segundo frente para la Alemania nazi en esta cruenta guerra que se alargaría hasta 1945 y que se saldaría con millones de muertos entre militares y civiles. Terminaría con la victoria de los Aliados frente a las Potencias del Eje.

 

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